Monasterio Benedictino Tradicional. Santa Sofía-Boyacá, Colombia: Boletín informativo Junio y julio del 2015

Monastery Colombia

Estimados amigos y benefactores: Gracias a su ayuda y oraciones nuestro monasterio sigue creciendo y consolidándose. El pasado 20 de julio los monjes tuvimos nuestro retiro anual, con la participación de varios de nuestros fieles ecuatorianos. El retiro fue predicado por el Reverendo Padre Prior y por el Reverendo Padre Juan Carlos Ortiz. En medio de riguroso silencio, el tema del retiro giró alrededor del don de sí mismo a Dios en espíritu de consagración. Se meditaron los principales misterios de nuestra santa fe, la gravedad del pecado, los planes de Dios para santificar y salvar las almas, el combate espiritual contra los enemigos del alma, y los medios de adquirir la gracia. Un análisis profundo de la crisis de la Iglesia fueron parte de los temas abordados. En el retiro los participantes vivieron como monjes por 5 días en medio de la espiritualidad monástica benedictina siendo de mucha ayuda los silenciosos y retirados contornos de las bellas montañas, colindando con el pueblo de Santa Sofía. « El alma que se dá completamente a Dios, es favorecida con el don de la oración »
« Nosotros debemos consagrarnos a Jesucristo a través de San José y de la Santísima Virgen. A través de esta consagración nosotros comenzaremos a ser parte de la Sagrada Familia»

Avisos sobre la vocación religiosa:
Cuánto importa seguir la vocación al estado religiosoSan Alfonso Maria de Ligorio

Está fuera de duda que nuestra eterna salvación depende principalmente de la elección de estado. El Padre Granada dice que esta elección es “la rueda maestra de la vida”. Y así como descompuesta la rueda maestra de un reloj queda todo él desconcertado, así también, respecto de nuestra salvación, si erramos en la elección de estado, “toda nuestra vida — dice San Gregorio Nacianceno- andará desarreglada y descompuesta”. Por consiguiente, si queremos salvarnos, menester es que, al tratar de elegir estado, sigamos las inspiraciones de Dios, porque solamente en aquel estado a que nos llama recibiremos los necesarios auxilios para alcanzar la salvación eterna. Ya lo dijo San Cipriano:

” La virtud y gracia del Espíritu Santo se comunica a nuestras almas, no conforme a nuestro capricho, sino según las disposiciones de su adorable providencia”.

Que por esto escribió San Pablo “Cada uno tiene de Dios su propio don”. Es decir, como explica Cornelio Alápide: “Dios da a cada uno la vocación que le conviene y lo inclina a tomar el estado que mejor corresponde a su salvación”. Esto esta muy conforme con el orden de la predestinación, que describe el mismo Apóstol cuando dice: “Y a los que ha predestinado, también los ha llamado, y a quienes ha llamado, también los ha justificado; y a quienes a justificado, también los ha glorificado”. Fuerza es confesar que en esto de la vocación el mundo bien poco o nada entiende, y por eso muchos apenas se cuidan de abrazar aquel género de vida a que los llama el Señor; prefieren vivir en el estado que se han escogido, llevando por guía sus propios antojos, y así viven, esto es: perdidamente, y a la postre se condenan. Esto no obstante, de la elección de estado pende principalmente nuestra salvación eterna.

A la vocación va unida la justificación, y de la justificación depende la glorificación, es decir, la eterna gloria; el que trastorne este orden y rompa esta cadena de salvación se perderá. Trabajará mucho y se fatigará, pero en medio de sus fatigas y trabajos estará siempre oyendo aquella voz de San Agustín: “Corres bien, pero fuera de camino”; es decir, fuera de la senda que el Señor te había trazado para llegar al término final de tu carrera. Dios no acepta los sacrificios que le hacemos siguiendo nuestros gustos. “De Caín y de las ofrendas suyas”, dice la Escritura, “no hizo caso el Señor”. Además, amenaza con tremendos castigos a los que menosprecian su voz por seguir los consejos de su amor propio. “¡ Ay de vosotros hijos rebeldes y desertores — dice por Isaías— que forjáis designios sin contar conmigo y emprendéis proyectos, y no según mi deseo”.

Es que el llamamiento de Dios a vida más perfecta es una de las gracias mayores y más señaladas que puede conceder a un alma, y por eso, con sobrada razón, se indigna contra el que las menosprecia. ¿No se daría por ofendido el príncipe que al llamar a su palacio a un vasallo para hacerle su ministro y favorito, el súbdito no obedeciese y menospreciase la oferta? Y Dios, al verse desairado, ¿no se dará también por ofendido? Harto lo siente, y este su sentimiento lo dio a entender cuando dijo por Isaías: “¡Desdichado aquel que contraría los planes de su Hacedor!”. La palabra Vae de la Escritura, que aquí traducimos por desdichado, envuelve una amenaza de eterna condenación. Comenzará el castigo para el alma rebelde en este mundo, en el cual vivirá en perpetua turbación, porque, como dice Job: “¿Quién jamás resistió a Dios que quedase en paz?”. Las luces que el Señor nos comunica son pasajeras y no permanentes; por esto nos aconsejan Santo Tomás que respondamos sin tardanza a los divinos llamamientos.

Se pregunta en la Suma Teológica si es laudable entrar en religión sin pedir consejo a muchos y sin deliberar largamente, y responde afirmativamente, dando por razón que en los negocios de bondad dudosa es necesario el consejo y la madura deliberación; mas no en esto de la vocación, que es a todas luces bueno, puesto que el mismo Jesucristo lo aconseja en el Evangelio, pues de todos es sabido que la vida religiosa es la práctica de los consejos que nos dio el divino Maestro.

Es cosa sorprendente ver cómo las gentes del siglo, cuando una persona trata de entrar en religión y llevar vida más perfecta y libre de los peligros que se corren en el mundo, dicen que tales resoluciones hay que tomarlas muy despacio y con calma, y que no se deben llevar a la práctica hasta quedar plenamente convencido de que la vocación viene de Dios, y no del demonio. ¿Por qué no piensan y hablan de la misma manera cuando se trata de aceptar una dignidad, un obispado, por ejemplo, donde hay tanto peligro de perderse? Entonces se callan y no dicen que se deben tomar las debidas precauciones para cerciorarse si la vocación viene o no de parte de Dios.

Los santos en este punto son de muy contrarío parecer. Santo Tomás dice que, aunque la vocación religiosa la inspirase el mismo demonio, aun en este caso había que seguir su consejo, por ser excelente, no obstante venir de nuestro capital enemigo. Y San Juan Crisóstomo, citado por el mismo Santo Doctor, dice que, cuando Dios nos favorece con semejantes inspiraciones, exige de nosotros tan pronta obediencia, que ni por un instante siquiera vacilemos en seguirle. La razón es porque Dios, cuando ve un alma rendida a su voluntad y mandamiento, se complace en derramar sobre ella a manos llenas sus gracias y bendiciones y, por el contrario, las dilaciones y tardanzas le desagradan tanto, que luego le encogen la mano y le obligan a alejarse con luces y gracias, dejando el alma casi abandonada y sin fuerzas para seguir los impulsos del llamamiento divino.

Por esto dice San Juan Crisóstomo que cuando el demonio es impotente para hacer abandonar a uno la resolución de consagrarse a Dios, se esfuerza por estorbarle que la lleve luego a la práctica, seguro de sacar no poco provecho cuando consigue que se prolongue la estancia en el mundo un solo día y hasta una sola hora; porque confía que durante ese día y esa hora se le han de presentar nuevas ocasiones harto propicias para lograr más largas dilaciones, y el alma, por su parte, cada vez más débil y menos asistida de la gracia divina, cede al fin a los impulsos del demonio y abandona la vocación. ¿Quién podrá decir las almas que han sido infieles a los divinos llamamientos por no haber respondido luego a la voz de Dios? Por esto San Jerónimo, dirigiéndose a los que se sienten llamados a abandonar el mundo, les dice: “Apresuraos, os lo suplico, daos prisa; y mejor que desatar, romped las amarras que detienen en la ribera vuestra barquilla”.

«Nuestra alma como pájaro escapó del lazo de los cazadores: el lazo fué quebrado, y nosostros fuimos librados » (Sal CXXIII, 7)

La Asunción de María Santísima al Cielo (Agosto 15/2015): Dom Rafael OSB

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APARICIÓN Y MENSAJE DE LA SALETTE El 19 de Septiembre 1846

La Salette, Nossa Senhora rainha destronada
La aparición de la Virgen

Además de los dos primeros libros citados del Rev. Rousselot, y otros varios que recogieron las narraciones mil veces hechas repetir a los niños, tenemos dos escritos de los mismos protagonistas, bastantes posteriores. Uno lo escribió Maximino el 2 de febrero de 1866, y otro Melania el 21 de noviembre de 1878. La relación de lo sucedido la tomamos de ellos, con algunos detalles de otras cartas y conversaciones.

De pronto se despierta Melania y, no viendo a los animales, llama a Maximino por su diminutivo: Memin. Ambos bajan, cruzan un arroyo, suben a lo alto de la colina, y ven que su pequeño rebaño está tranquilo pastando en la otra ladera.
Empiezan a volver, cuando Melania exclama asustada: “¿Ves aquella luz tan grande allá abajo? ¡Ay, Dios mío!”. Y como fuera de sí, deja caer su cayado.

—“Sí, la veo, pero coge tu bastón. Si nos toca le daré un buen palo”, contesta Maximino blandiendo el suyo.

En este momento abriéndose el globo de luz, brillante como el sol, de 6 a 8 metros de diámetro, aparece dentro de él, aún más resplandeciente, una bellísima señora a unos 20 metros al otro lado del arroyo. Sentada en su “paraíso”, sin hundirlo, está muy apenada, con el rostro entre las manos y los codos apoyados sobre las rodillas. Se levanta. Es muy alta, y bien proporcionada, como muy ligera, majestuosa, impone respeto y atrae, sus ojos dulces, de mirada penetrante, parecen hablar. Su vestido blanco plateado, luminoso, no hay nada cono que se le pueda comparar. Sobre su cabeza un velo de tisú le cubre el cabello y las orejas, encima una corona bellísima, formada por rosas de diversos colores: las flores se van cambiando y despiden rayos de luz. De la corona salen hacia arriba unos ramos de oro y brillantes. Rodean al cuello, como collar, dos cadenas; una más corta, formada por anillos, otra más larga ancha unos tres dedos, junto a la cual va una guirnalda de rosas. Pero todo luminoso, despidiendo rayos de gloria. La cadena más corta tiene colgado un crucifijo, la cruz de oro y el Cristo de color natural resplandeciente; cerca de un extremo de la cruz había un martillo, y del otro unas tenazas. Lleva también un delantal atado a la espalda, no dorado, pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles. Los zapatos son de un blanco plata, con broche de oro y rosas, igualmente resplandecientes como el resto. Esto es lo que más recalcaron los videntes, los rayos que todo despedía, la intensidad de la luz, mayor que la del sol, pero que no ciega. Imposible describir ni imaginarse “lo que ni ojo vio”; por eso los cuadros y esculturas de las apariciones aunque nos las recuerdan, nos dan una idea totalmente distinta de los cuerpos gloriosos: la belleza incomparable representada en imágenes sin belleza.

La Señora cruzó los brazos y los llamó. A pesar de la distancia de 20 metros, oyeron su voz como muy cercana:
“Acercaos, hijos míos, no tengáis miedo, estoy aquí para anunciaros una gran noticia”.
Corren junto a Ella, quien empieza a hablar, mientras las lágrimas de sus ojos hermosísimos caen sobre el delantal y se convierten en perlas.

“Si mi pueblo no quiere someterse, me veré forzada a dejar caer el brazo de mi Hijo. Es tan fuerte y tan pesado que no puedo sostenerlo más.

¡Hace tiempo que estoy sufriendo por vosotros! Si quiero que mi Hijo no os castigue, tengo que suplicarle incesantemente, y vosotros no hacéis caso. Tenéis que rezar bien, hacer el bien. Nunca me podréis pagar los trabajos que he tomado por vosotros.
Os he dado seis días para trabajar, me he reservado el séptimo y no queréis concedérmelo. Los carreteros no saben hablar sin mentar a mi Hijo. Estas son las dos cosas que hacen tan pesado el brazo de mi Hijo.

Si la cosecha se pierde es por vuestra culpa. El año pasado os lo hice ver con las patatas; pero no habéis hecho caso. Al contrario, cuando las encontrabais estropeadas, jurabais y manchabais el nombre de mi Hijo. Van a seguir estropeándose, y para Navidad ya no tendréis más”.

Melania entiende en vez de patatas, manzanas, pues la Señora habla en francés. Adivinándolo les dice:
“¿No me entendéis, hijos míos? Os lo diré de otra manera”.
Y repite en patuá el último párrafo. Maximino le interrumpe:
—“Oh mi Señora, eso no es verdad”
—“Sí, hijo mío. Tú lo verás”. —

Y continúa en patuá:
“Si tenéis trigo, no lo sembréis. Todo lo que sembréis se lo comerán los animales, y lo que quede se convertirá en polvo al golpearlo. Vendrá una gran hambre. Antes que venga el hambre, a los niños menores de siete años les entrará un temblor y morirán en los brazos de las personas que los lleven. Los mayores harán penitencia con el hambre. Las nueces se estropearán, las uvas se pudrirán”.

Sigue la Señora hablando, pero sólo la oye Maximino, a quien comunica algo en secreto. Después habla sólo para ser oída de Melania: le encomienda en francés otro secreto, que no deberá hacerlo público hasta 1858 (precisamente el año que después se apareció en Lourdes, como respuesta agradecida a la proclamación del dogma de la Inmaculada), y también en francés le da la regla de una nueva orden religiosa. Luego continúa en patuá:

“Si se convierten, las piedras y las rosas se convertirán en trigo y las patatas se encontrarán sembradas en las tierras.
¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijos míos?”

Responden los dos:
“¡Oh! No, Señora; no muy bien”.
“¡Ay, hijos míos! Hay que hacerlas bien a la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad un padrenuestro y un avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más.
No van a Misa más que algunas mujeres mayores; los demás trabajan el domingo durante todo el verano; y en invierno, cuando no saben qué hacer, no van a Misa más que para burlarse de la religión. En cuaresma van a la carnicería como perros.
¿No habéis visto el trigo estropeado, hijos míos?”
Los dos contestan:
“¡Oh! No, Señora”.

La Santísima Virgen se dirige a Maximino:
“Pero tú, hijo mío, tú debes haberlo visto una vez en Coin, con tu padre. El dueño de la finca dijo a tu padre: Venid a ver cómo mi trigo se estropea. Vosotros fuisteis. Tu padre cogió dos o tres espigas en su mano, las frotó y se deshicieron como polvo. Luego, al volver, cuando no estabais más que a media hora de Corps, tu padre te dio un trozo de pan, diciéndote: Ten, hijo mío; come este año, porque yo no sé lo que se comerá el próximo, si el trigo se pierde como este año”.

Maximino responde:
“Es verdad, Señora; no me acordaba”.
La Santísima Virgen termina su discurso en francés:
“Pues bien, hijos míos, decid esto a todo mi pueblo”.

La bellísima Señora cruzó el arroyo, y a dos pasos del mismo, sin volverse hacia ellos, que la siguen atraídos por su magnificencia y más aún por su bondad, les repitió:
“Pues bien, hijos míos, decid esto a todo mi pueblo”.
Luego continuó andando hasta el lugar al que habían subido para ver a dónde estaban las vacas. Sus pies se deslizan, no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la bella Señora se paró.

Melania y Maximino corren hacia Ella, a ver por dónde se va. La Señora se eleva despacio, permanece unos minutos a menos de dos metros de altura, mira al cielo, a su derecha (hacia ¿Roma?), a su izquierda (¿Francia?), a sus ojos, y se confunde con el globo de luz que la rodea. Éste sube hasta desaparecer en el cielo.
Los pastores cuando volvieron en sí, no hacían más que mirar a su alrededor, sin poder aún pronunciar una palabra. Serían las tres de la tarde. Por fin Melania dijo:

“Memin, debe ser el buen Dios de mi padre o la Sta. Virgen o una gran santa”.
(“Buen Dios” y “santa Virgen” son expresiones francesas; como en español es corriente decir sólo “Dios”, y “Virgen” o “Virgen Santísima”). La Señora no les había dicho su nombre, ni afirmaron fuese la Stma. Virgen hasya que no lo dijo el párroco.

El “Secreto” de Melania

En 1860 lo escribió y dio a su director espiritual, con lo cual comenzó a conocerse entre las comunidades religiosas y el clero. Parece ya que Pío IX lo había comunicado a algunos cardenales (Lambruschini, Fornari) cuando lo recibió en 1851.

En 1871 el periodista C.R. Girar publicó en Grenoble Los secretos de La Salette y su importancia, enviando un ejemplar a Pío IX, quien se lo agradeció con una bendición autógrafa; recibió también felicitación de todas partes. En 1872 el Rev. Curicque incluyó el Secreto en su libro Voces proféticas. En 1873 el Rev. Feliciano Bliard editó en Nápoles, con la aprobación del cardenal-arzobispo, Cartas a un amigo sobre el secreto de la pastora de La Salette. En 1879 publicó la misma Melania en Lecce, con la aprobación del obispo, La aparición de la Stma. Virgen en la montaña de La Salette, con el secreto. Numerosos prelados y teólogos de diversas naciones, entre los cuales cita algunos Mons. Zola, aceptaron y estimaron la narración del secreto.

¿Qué garantía nos ofrece de autenticidad? Los contemporáneos que estaban bien informados, empezando por Pío IX y León XIII, siguiendo por Mons. Petagua y Mons. Zola, y el canónigo Anibal (en proceso de canonización, como hemos dicho, y directores de Melania) y otros muchos que la trataron íntimamente: los sacerdotes Combe, Brand, Bliard… están acordes en admitir sin dudas, además de la santidad de Melania, la veracidad de su Secreto. Por otra parte, Maximino aseguró que la Virgen comunicó a Melania algo que él no oyó. Y aprobada por la Iglesia y por los milagros la aparición de la Virgen, no tiene sentido que Melania, austera, humilde, deseosa de soledad y de agradar a Dios, de carácter muy equilibrado, en lo esencial de su mensaje fuera capaz de engañarse o engañarnos. (¿Le hubiera sido posible inventar el contenido de este Secreto; lo que iba a ocurrir con Luis Napoleón, las catástrofes que anuncia, la relajación del clero…?)

Texto del Secreto (numeramos los párrafos)

1. “Melania: Esto que Yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858.

2. Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los hombres, a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra a nadie que implore misericordia y perdón para el pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.

3. Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la tierra!, Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos.

4. Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.

5. La sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y de los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la cólera de Dios.

6. Que el Vicario de mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año 1859; pero que sea firme y generoso; que combata las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él.

7. Que desconfíe de Napoleón, su corazón es doble; y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse caerá sobre la espalda de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo.

8. Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los señores; también será entregada a la guerra. Las iglesias serán cerradas o profanadas. Los sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir con una muerte cruel. Muchos abandonarán la fe y el número de los sacerdotes y religiosos que se separarán de la verdadera religión será grande; entre estas personas se encontrarán incluso obispos.

9. Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires.

10. En el año 1864 Lucifer, con un gran número de demonios, serán desatados del infierno. Abolirán la fe poco a poco, aun entre las personas consagradas a Dios, las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de esos malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la fe y perderán a muchísimas almas.

11. Los libros malos abundarán en la tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá iglesias para servir a esos espíritus. Algunas personas serán transportadas de un lugar a otro por esos espíritus malvados, incluso sacerdotes, por no seguir el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Resucitarán algunos muertos y justos [es decir, que estos muertos tomarán la figura de almas justas, que vivieron en la tierra, para así mejor seducir a los hombres; éstos, que diciéndose muertos resucitados no serán otra cosa que el demonio bajo sus figuras, predicarán otro Evangelio contrario al verdadero de Cristo Jesús, negando la existencia del cielo, y también de las almas de los condenados. Todas estas almas aparecerán como unidas a sus cuerpos]*[1]Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas sobre riquezas, a poner a salvo su autoridad y a dominar con orgullo!

12. El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa.

13. Dado el olvido de la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia.

14. El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor [que no reinará mucho tiempo]* verán el triunfo de la Iglesia de Dios.

15. Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.

16. El años 1865 se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio se hará rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor a los placeres carnales se extenderán por toda la tierra.

17. Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano con el italiano; en seguida habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Jesucristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia; se matará, se asesinará mutuamente aun dentro de las casas.

18. Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza entera temblarán de espanto, porque los desórdenes y crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos. París será quemado y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorará mi ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su gran misericordia con los justos, mandará a sus ángeles que mueran todos sus enemigos. De golpe los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la tierra quedará como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adornado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia, que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.

19. Esta paz entre los hombres no será larga: 25 años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los males que suceden en la tierra.

20. Un precursor del Anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirán contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto a Dios para ser tenido como un dios.

21. La tierra será castigada con todo género de plagas [además de la peste y el hambre, que serán generales]*; habrá guerras, hasta la última que harán los diez reyes del Anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, que serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes que esto suceda habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertiré; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. ¡Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo! Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad.

22. La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la tierra encharcada de crímenes. Temblad, tierra y vosotros, que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente os adoráis a vosotros mismo, temblad; pues Dios va a entregaros a su enemigo, porque los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo y de los suyos.

23. Durante ese tiempo nacerá el Anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será obispo. Al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; en una palabra será el demonio encarnado, lanzará gritos espantosos, hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. Tendrá hermanos, que aunque no sean como él demonios encarnados, serán hijos del mal; a la edad de doce años llamarán ya la atención por las ruidosas victorias que alcanzarán. Bien pronto estará cada uno a la cabeza de los ejércitos, asistidos por legiones del infierno.

24. Se cambiarán las estaciones. La tierra no producirá más que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades [etc.]*

25. Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo.

26. Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes, todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad.

27. Yo dirijo una apremiante llamada a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos del Dios que vive y reina en los cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido mi espíritu; finalmente llamo a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos. Yo estoy con vosotros y en vosotros con tal que vuestra fe sea la luz que os ilumine en esos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria de Dios y de la honra de Jesucristo. Pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

28. La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoc y Elías, llenos del Espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del Anticristo.

29. ¡Ay de los habitantes de la tierra! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso para los animales; tempestades que arruinarán ciudades; terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros; llamarán a la muerte y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes. ¿Quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del cielo y consumirá tres ciudades; el universo entero estará preso del terror, y mucho se dejarán seducir por no haber adorado al verdadero Cristo, que vivía entre ellos. He llegado el tiempo: el sol se oscurece; sólo la fe vivirá.

30. He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la bestia con sus súbditos, llamándose el salvador del mundo. Se remontará con orgullo por los aires para subir hasta el cielo; será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la tierra, que llevará tres días en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego: será hundido para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno.

31. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado”.

[1]Las palabras entre corchetes no son de la Virgen, sino de Melania, según la visión que al mismo tiempo tuvo.