UN DOCUMENTO REAL: CARTA DE UNA HIJA A SU PADRE ADICTO A LA PORNOGRAFÍA

Thanks to Señora Veronica, Mexico:

(English Translation at end of Spanish text)

CARTA DE UNA HIJA

El texto es auténtico. El nombre de la persona que lo escribe no aparece por razones obvias.

Querido Papá:

Antes que nada quiero que sepas que te amo y que te perdono por lo que esto ha hecho en mi vida. También quiero que sepas qué es exactamente lo que tu adicción a la pornografía ha hecho en mi vida. Es probable que creas que esto te ha afectado sólo a ti, o también tu relación con mi Mamá, pero es justo que sepas que también ha tenido un profundo impacto en mí y en todos mis hermanos.

Encontré tus videos pornográficos en algún lugar de tu computadora cuando tenía alrededor de doce años, justo cuando empezaba a volverme una mujer. En primer lugar me pareció muy hipócrita de tu parte que trataras de enseñarme qué cosas sí y qué cosas no valía la pena ver en términos de videos, películas y televisión cuando tú regularmente entretenías tu mente con esa basura. Tus consejos sobre el cuidado que debía tener con las cosas que veía simplemente no tenían ningún significado para mí.

Debido a tu pornografía caí en la cuenta de que mi madre no era la única mujer a la que mirabas. Cuando salíamos juntos desarrollé una gran sensibilidad para darme cuenta de cuándo activabas una mirada sensual por otras mujeres, carteles o cosas. Esto me enseñó que todos los hombres tienen un lado indecente en el cual no se puede confiar. Aprendí a sospechar, e incluso a despreciar a los hombres por el modo lascivo en el que percibían a las mujeres.
Recuerdo que trataste de hablar conmigo sobre la modestia, sobre cómo mi modo de vestir afecta a las personas en mi entorno y sobre la importancia de valorarme por mi interior. Tus acciones, sin embargo, me decían que sólo sería verdaderamente hermosa y aceptada si me veía como las mujeres de las portadas de revistas o las de tus videos pornográficos. Tus discursos no servían para otra cosa que para enojarme profundamente.

Cuando crecí estas ideas se hicieron más fuertes gracias a la cultura en la que vivimos. Todo a mi alrededor gritaba que la belleza es una cosa que sólo puede ser alcanzada si te ves y actúas como “ellas”. También aprendí a confiar cada vez menos en ti porque nada de lo que decías era coherente con lo que hacías. Ya en esa época vivía preocupada de la posibilidad de no poder encontrar nunca un hombre que me aceptase y amase por lo que soy y no por mi cara bonita.

Cuando invitaba amigas a la casa me preguntaba cómo las veías. Si para ti eran mis amigas y nada más, o si también a ellas las imaginabas en tus fantasías. Ninguna hija debería jamás preguntarse algo así sobre su padre.

Conocí a un hombre. Una de las primeras cosas que le pregunté fue si él también miraba pornografía. Le estoy muy agradecida a Dios porque esa práctica nunca ha tocado su vida significativamente. Sin embargo, todavía tenemos peleas por las profundas raíces que tiene en mi corazón la desconfianza hacia los hombres. Sí, a pesar de todos los años que han pasado, tu pornografía también ha afectado la relación que actualmente tengo con mi esposo.

Si pudiera decirte sólo una cosa sobre este tema, te diría lo siguiente: la pornografía no sólo afectó tu vida sino que afectó la vida de todos los que estábamos a tu alrededor de maneras que nunca podrás imaginar. Hasta el día de hoy me afecta gracias también al peso que esta tiene en nuestra sociedad. Tengo miedo del día en que tenga que hablar con mi pequeño hijo sobre la pornografía y sus potentes e insaciables alcances; cuando tenga que decirle cómo la adicción al porno, como la mayoría de los pecados, no sólo afecta a uno mismo.

Como ya lo dije, te he perdonado. Y estoy profundamente agradecida por el trabajo que Dios ha hecho en mi vida en este campo. Es un área donde aún me toca luchar de vez en cuando, pero me sobrepasa la gratitud hacia la ayuda que Dios y mi esposo me han ofrecido. Rezo porque tú hayas superado este vicio y para que todos los hombres que lo consideran inofensivo abran sus ojos a la verdad.

Con amor, tu hija

Uno nunca sabe, pero si después de leer esto aún quedase alguna persona que piensa que su vicio no puede afectar a nadie porque él esconde muy bien el material que utiliza, vale la pena terminar con un gran y rotundo: ¡No seas tonto! (para decirlo caritativamente). En primer lugar por una razón espiritual: ¡Se te ve en los ojos y en el corazón! en el modo cómo tratas y miras a las personas que te rodean, especialmente a las mujeres. En segundo lugar por una razón práctica: las conversaciones más divertidas que tienen muchos adolescentes cuyos padres ven pornografía trata sobre lo ingenuos y ciegos que son estos para darse cuenta que los lugares misteriosos, claves indescifrables, contraseñas inenarrables, archivos ocultos y escondrijos top-secret donde guardan este material, ya fueron descubiertos hace mucho tiempo. La moraleja es muy sencilla, si el amor a Dios no es suficiente para no ver pornografía y si no puedes ir a Marte a verla, entonces tampoco lo hagas, porque tus hijos lo sabrán tarde o temprano.
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The text is authentic. The name of the person writing does not appear for obvious reasons.

Dear Dad:

First I want you to know that I love you and forgive you for what it has done in my life. I also want you to know what exactly your porn addiction has done in my life. Probably think this has affected you and only you, or even your relationship with my Mom, but just to know who has also had a profound impact on me and my brothers.

I found your pornographic videos somewhere on your computer when I was about twelve, just as I began to become  a woman. First I found it very hypocritical of you to you to try to teach me what things do and what not worth seeing in terms of videos, movies and TV when you regularly entertain your mind with that crap. Your advice about the care I should have with such things had no meaning for me.

Because of your porn I realized that my mother was not the only woman you looked upon. When we were together I developed a great sensitivity to realize when you gave a sensual look to other women. This taught me that all men have an indecent side which cannot be trusted. I learned to be suspicious, and even to despise men for the lewd way they perceived women.

I remember you tried to talk to me about modesty, about my way of dressing affects people in my environment and the importance of value my being modest. Your actions, however, told me I would only be accepted if I looked like women on porno magazine covers or your pornographic videos. Your speeches were useless for anything other than to be angry deeply.

When I grew these ideas became stronger thanks to the culture in which we live. Everything around me was screaming that beauty is something that can only be achieved if you look and act like “them”. I also learned to rely less on you because nothing you said was consistent with what you were doing. Already at that time I lived worried about the possibility of never being able to find a man who accepted me and loved for who I am and not for my pretty face.

When inviting friends to the house I  wondered how you saw them. If for you my friends were just that and nothing more, or if you imagined them in your fantasies. No child should ever ask something like that about their father.

I met a man. One of the first things I asked him was if he also watched pornography. I am grateful to God that this practice has never touched his life significantly. However, we still have fights that have deep roots in my heart to distrust men. Yes, despite all the years that have passed, your pornography has also affected the relationship I have with my current husband.

If I could say one thing about this, I would say the following: pornography not only affected your life but that affected the lives of all of us who were around you in ways you can never imagine. Until today affects me thanks to the weight it has on our society. I fear the day I have to talk to my little son about pornography and it’s powerful and insatiable scope; when I have to tell him how porn addiction, like most of sins, not only affects yourself but everyone.

As I said, I have forgiven you. And I am deeply grateful for the work that God has done in my life in this field. It is an area where I still struggle occasionally, but I exceeded gratitude to the help God and my husband offered me. I pray that you have overcome this addiction and all men who consider it harmless open their eyes to the truth.

Love, your daughter

You never know, but if after reading this even someone who thinks his vice can not affect anyone because they hide very well the material used, worth ending a great and resounding: Do not be silly! (To put it charitably). First for a spiritual reason: You look shows  in your eyes and heart!  watch how you treat people around you, especially women. Secondly for a practical reason: the conversations with many adolescents whose parents view pornography is about how they are naive and blind to realize that these mysterious places, indecipherable keys, passwords unspeakable, hidden files and caches top-secret where they keep this material have already been discovered long ago. The moral is simple, if the love of God is not enough for them not to view pornography and if you cannot go to Mars to see it, then neither do, because your children will know sooner or later.

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